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10-09-2012

EL RELATO DE LA WAMBERA: "¿QUÉ VA A PASAR AHORA?"

EL RELATO DE LA WAMBERA: "¿QUÉ VA A PASAR AHORA?"

Aquí estoy, en mi habitación, repasando mi vida como he hecho infinitas veces. Me cuesta escribirlo, sin embargo. Veamos. Tenía diez años cuando empecé a notar que la gente me evitaba. ¿Por qué?

Porque dos niñas muy populares se divertían haciéndome la vida imposible. En cuanto empezaba a hacer amigos les decían que no fueran conmigo porque era una marginada. Y estuve durante tres años de mi vida llorando. Me rodeaban como si fueran una manada de lobos y yo fuera un conejito inofensivo. La gente se pensaba que era divertido, que es normal meterse con alguien de ese modo. Pero me he convertido en esto gracias a ellos. Ya no soy la que era antes. Nadie me conoce. No confío  en nadie. No necesito a nadie. A veces digo demasiado la palabra "nadie".

Recuerdo los meses y meses en los que creía que ya no aguantaba más. Que iba a hacer alguna locura. ¿Os imagináis a una niña de once años pensando en suicidarse? No lo hagáis, no lo intentéis. Por las noches iba al salón de mi casa y abría la ventana. Me inclinaba y dejaba que mi piel se pusiera de gallina por el frío. Miraba las luces de la ciudad en silencio y lágrimas silenciosas resbalaban por mis mejillas. A veces imaginaba que en vez de caerme por la ventana volaría por encima de los tejados y escaparía a un mundo mejor, donde nadie me juzgara. Pero algo siempre me hizo reaccionar, volver a la realidad. Recordaba las noticias de los asesinatos, de la corrupción en algunos países, de desgracias que les ocurrían personas ajenas a mí. Y la rabia parecía calentar mi piel. Cerraba la ventana y me iba a la cama. Cuando llegaba al colegio por las mañanas me encogía. Me sentía desnuda y cada burla era como una arañazo en mi cara. Me llamaban marginada social, freak, patito feo, rara... ¿Qué tengo de marginada? ¿Acaso soy fea? `Perdona, soy mucho más guapa que tú´.

Eso es lo que les habría contestado ahora. Pero en aquella época me sentía incapaz de hablar. Me sentía insegura. Cada paso que daba suponía un reto. Un esfuerzo. Cada dirección era importante para mí. Me volví una persona tonta, estúpida, intentaba ser agradable con todo el mundo. Pero el tiempo lo cambia todo. Fui a un campamento en el que hice muchos amigos y sentí que los chicos me miraban. Pensé, solo soy yo misma, y la gente me quiere, ¿por qué en el colegio no?

Cumplí trece años. Empecé segundo de secundaria. Una amiga en la que confiaba me dejó porque no quería que los demás la insultaran. Me quedé completamente sola. Hacía tiempo que no pensaba en suicidarme. Pensaba en salir con chicos, en hacer amigos, en y ser feliz. Pero la rabia me llenaba por dentro. Cuando volvieron a insultarme empecé a responder. A veces lo balbuceaba, otras lo gritaba. Estaba harta. Les odiaba. Quería pegarles un puñetazo por cada burla que me habían hecho. Seguramente eso les mataría. Y un día. En exactamente once minutos, mi vida cambió. Estábamos en lengua comentando un libro de acoso escolar. Me puse tensa y apreté los dientes. Quería saltar por la ventana delante de todos, quería escribir antes una nota nombrando a todos los culpables de mi muerte. Pero me levanté lentamente de la mesa y les miré a la cara. Las manos me temblaban de rabia, la cara me ardía. Las palabras salieron solas. La profesora me miraba como si fuera un héroe. Me sentí poderosa. Vi a aquellas personas encogerse y les dije que me habían arruinado la vida. Que los odiaba, me daban lástima, eran unos desgraciados.

A partir de ese día la gente pasó de mí. Recibí una nota con la palabra "eskoria" y la tiré por la ventana entre risas. Se acabó. Me formé una personalidad divertida, amable, despreocupada. No quería ser yo misma con ellos. Ellos no se merecían saber en qué me había convertido. No hice amigos nuevos. No quería mezclarme. Tan solo confié en una chica que parecía entenderme, pero tampoco quise que fuera muy amiga mía. No necesitaba a nadie. Este verano he estado con un chico. Un chico guapo y divertido, a veces hacía locuras como empezar a cantar en medio de la gente. Solo para hacerme reír. Dejé que me conociera. No le conté mi pasado. Y nos gustamos. Durante una semana hasta que nos fuimos del hotel. Pero eso me ha hecho recuperar la seguridad en mi misma. Me he cambiado de instituto este año. ¿Qué va a pasar ahora? No tengo ni idea. Es gracioso.

HappyRelato enviado por la wambera María.

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